miércoles, 2 de octubre de 2013

Mi propia experiencia.

Lo primero en lo que reparé en ella fueron sus manos. No recuerdo la edad que tenia,
pero todo mi ser y mi existencia estabas asociados a esas manos.
Esas manos pertenecían a mi mamá, que es ciega.
Recuerdo estar sentada en la mesa de la cocina haciendo un dibujo.
-Mira mi dibujo, mamá. Lo termine.
-Oh, es hermoso -Respondió, y siguió ocupada en lo suyo.
-No, mira mi  dibujo con las manos -Insistí.
Entonces se acerco a mí y pasó la mano sobre el papel. Siempre disfrutaba de su
entusiasmo al decir que mis dibujos era lindos.
Nunca se me ocurrió que era extraña la manera en que sentía las cosas con las manos,
cómo tocaba mi rostro o algo que le mostraba. Me daba cuenta de que mi padre me
miraba, a mí y a las cosas que le mostraba, con los ojos y lo mismo hacía mi abuela
o cualquier otra persona que estaba en la casa; pero nunca me pareció insólito que
mamá no usara los ojos.
Todavía puedo recordar cómo peinaba mi pelo largo. Me ponía el pulgar de la mano
derecha entre las cejas, justo encima de la nariz, y el dedo indice en la coronilla -Probablemente
estaba alineando esos dos puntos-, Y luego hacía que el peine bajara con su dedo
índice hasta encontrar el pulgar. De tal manera, calculaba que la raya estuviera en el
medio de mi cabeza. Nunca cuestione su capacidad para hacer el trabajo.
Cuando me caía al jugar, entraba llorando y le decía a mamá que me sangraba la rodilla,
y sus  manos suaves me lavaban y, con habilidad, me aplicaban vendaje.
Un día, descubrí por desgracia que habían ciertas cosas que mamá no toaba. Encontré
un pequeño pájaro tirado en la calle delante de nuestra casa y lo llevé adentro para
mostrárselo a mamá.
-Mira lo que encontré- dije, tomándole la mano para que tocará el pájaro.
-¿Que es?- me preguntó. Tocó ligeramente la criatura muerta en mi palma extendida
y pude oír el terror de su voz al preguntarme por segunda vez: ¿Que es eso?
-Un pajarito muerto- Le respondí. Entonces gritó y retiró rápidamente la mano y me
ordenó que saliera con el pájaro, haciéndome prometer que nunca más la haría tocar
algo así.
Nunca podía calcular sus sentidos de olfato, oído, y tacto. Un día vi un plato de galletas
que mamá acababa de poner sobre la mesa. Con disimulo tomé una y la mire para ver que
decía. No dijo una palabra y, por supuesto, pensé que en la medida que no sintiera con sus manos
lo que había hecho, no sabría. No me di cuenta de que me podía oír masticar. Justo cuando
pasé a su lado con la galleta en la boca, me tomo del brazo:
-La próxima vez, Karrey, por favor pídeme una galleta en lugar de tomarla.- dijo-.Puedes comer
lo que quieras, pero la próxima vez, pídemelo.
Tengo un hermano y una hermana mayores y un hermano menor. Ninguno de nosotros nos
dábamos cuenta de cómo sabía cuál de nosotros hacía algo. Un día, mi hermano mayor trajo un
perro vagabundo a la casa y lo metió por las escaleras en su dormitorio. Al rato, mamá subió
las escaleras, abrió la puerta del cuarto y le ordenó  que sacara el perro. Nos sorprendió
que percibiera que había un animal en la casa.
A medida que crecía, fui comprendiendo que mamá psicológicamente. Y con esos oídos y
esa nariz tan finos, sumaba uno más uno y por lo general llegaba a la respuesta correcta.
Había oído las uñas del perro rascando el suelo del dormitorio.
¡Y esa nariz  suya! ¡Cuántas cosas sabia! Un día, una amiga y yo estábamos jugando a las
muñecas en mi dormitorio. Me metí en el cuarto de mamá y les puse un poco de su perfume
a las muñecas. Entonces cometí el error de bajar a hacerle una pregunta a mamá. De inmediato
supo que había estado en su dormitorio y usando su perfume.
¡Esos oídos! ¿Como sabían que lo habíamos hecho? Estaba sola en la sala una noche, haciendo
los deberes con la televisión encendida muy bajito. Mamá entró y me preguntó:
-Karrey, ¿Estas haciendo tu tarea o mirando la televisión?
Me sentí un poco sorprendida pero le respondí y proseguí con mis deberes. Más tarde pensé
en el tema y me pregunté cómo sabía como era yo la que estaba en la sala y no uno de mis hermanos.
Se lo pergunté.
-Disculpa, querida.- dijo, palmeándome la cabeza- Aunque te operaron de las amígdalas,
sigues respirando por la boca. Te oí.
Mamá también poseía un buen sentido de la orientación. tenía una bicicleta en tándem y nos
turnábamos para llevarla. Me  sentaba en el asiento de adelante y paseaba y pedaleaba, mientras
se ponía en el asiento trasero. Siempre parecía saber donde estábamos y nos daba indicaciones en
voz alta y clara.Siempre sabía cuando nos acercábamos a una esquina o cuando un coche
que venía rápido se aproximaba por la derecha.
¿Como advertía, mientras me daba  un baño una noche, cuando tenía unos nueve años, que no
me había lavado alguna parte de mi cuerpo? Estaba jugando en en la bañera divirtiéndome mucho.
-Karrey, no te lavaste la cara, ni las orejas ni nada, ¿No es así?
No lo había hecho, ¿Pero como lo sabia? Por supuesto sabía que una niña q con sus juguetes
en la bañera no iba a dejar de jugar para lavarse. Me daba cuenta de que también usaba el ojo
de su mente para criarnos.
La única cosa, sin embargo, que solía preocuparnos era el hecho de que mamá nunca supo
de verdad que aspecto teníamos. Un día, cuando tenía  alrededor de dieciséis años y estaba de pie
ante el espejo del baño peinándome, le pregunté:
-Realmente no sabes que  aspecto tenemos, ¿No es cierto, mamá?
-Ella estaba tocándome el pelo para cuán largo estaba.
-Por supuesto que lo sé- me respndió-.
Supe como eras el día que me pusieron tu cuerpo diminuto en mis brazos por primera vez.
Sentí cada centímetro de tu cuerpo y toque la pelusita suave de tu cabeza. Sabía  que eras
rubia por que tu papá me lo dijo. Sabía  que tus ojos eran azules por qu eme lo dijeron.
Sé que eres muy hermosa por que la gente me dice que lo eres. Pero realmente sé como
eres, cómo eres por dentro.
Se me nublaron los ojos.
-Sé que eres ágil y fuerte porque te encanta estar en la cancha de tenis. Sé que tienes buen
corazón por que te he oído hablarles al gato y a los niños pequeños. Sé que tienes un corazón tierno.
Sé que eres vulnerable porque he visto cómo te lastimas ciertas observaciones de la gente. Sé que tienes carácter porque tienes el valor de ponerte de pie y defender tus convicciones. Sé que tienes respeto por
los seres humanos por la manera en que me tratas. Sé que eres sabia porque te conduces con sabiduría
para una chica de tu edad. También sé que tienes una voluntad fuerte porque he visto estallar tu temperamento, lo que me dice que nadie puede disuadirte de hacer las cosas correctas. Sé que tienes devoción por que te he oído defender a tus hermanos, Sé que tienes una gran capacidad de amar porque me lo has demostrado, lo mismo que a tu padre, muchas veces. Nunca diste a entender, en ningún sentido que te sintieras mal por tener una madre ciega. De manera que, querida- me acercó a ella-, te veo y6 te  conozco exactamente tal como eres, y para mí eres hermosa.

Eso fue hace diez años, y hace poco he sido madre. Cuando me pusieron a mi adorado hijo en los
brazos, yo, al igual que mi madre, pude verlo, y saber lo lindo que era. La única diferencia fue que pude verlo con los ojos, pero a veces me gusta apagar las luces, alzarlo y tocarlo, y ver si puedo sentir todas las cosas que sentía mi madre.

Karrey Janvrin Lindenberg.

No hay comentarios:

Publicar un comentario